La creciente desertificación y el agravamiento de la sequía, derivadas fundamentalmente de las actividades humanas, constituyen problemas de dimensiones mundiales, pues sus efectos repercuten en todas las regiones del planeta, aunque sus consecuencias son particularmente trágicas en el continente africano. Durante milenios hemos tomado todo lo que hemos podido de una naturaleza que parecía ilimitada, sin preocuparnos por los efectos de nuestras acciones. Siempre había nuevas fronteras para conquistar, nuevas tierras vírgenes. Pero este proceso se ha acelerado tremendamente en los dos últimos siglos y la naturaleza ha terminado por pasar factura de los excesos cometidos con ella. Es necesario por ello que la comunidad internacional adopte medidas conjuntas para luchar contra la desertización y demás consecuencias del comportamiento depredador de nuestra especie protegiendo el capital natural y los servicios ecosistémicos.

Entre los principales factores que desencadenan esta situación se encuentran la explotación insostenible de los recursos hídricos, que es causa de graves daños ambientales, incluidos la contaminación química, la salinización y el agotamiento de los acuíferos. Pérdidas de la cubierta vegetal a causa de repetidos incendios forestales. Concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo de masas y la agricultura de regadío.

Colombia ocupa el séptimo lugar entre los países con desertificación en América Latina, con un total de 4.828.875 hectáreas de tierras afectadas, es decir, el 4.1% del territorio nacional; Atlántico, Guajira, Magdalena, Sucre y Cesar, son los departamentos con más superficie en proceso de desertificación y la situación tiende a incrementarse tanto en intensidad como en Medidas para la desertificación

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